El consenso entre
los economistas presume que la crisis financiera de 2008 se
desató de manera directa debido al colapso de la burbuja
inmobiliaria en Estados
Unidos en el año 2006, que provocó aproximadamente en octubre de
2007 la llamada crisis de las hipotecas subprime. Las repercusiones
de la crisis hipotecaria comenzaron a manifestarse de manera
extremadamente grave desde inicios de 2008, contagiándose primero al
sistema financiero estadounidense, y después al internacional,
teniendo como consecuencia una profunda crisis de liquidez, y
causando, indirectamente, otros fenómenos económicos, como una
crisis alimentaria global, diferentes derrumbes bursátiles (como la
crisis bursátil de enero de 2008 y la crisis bursátil mundial de
octubre de 2008) y, en conjunto, una crisis económica a escala
internacional.
Las causas fundamentales de la crisis son complejas: un sistema
bancario desregulado o mal regulado, especialmente en los sectores
del préstamo y la inversión, que dio lugar a la creación de
vehículos hipotecarios practicamente especulativos para personas con
mal crédito o sin una fuente de ingresos estable. Todo ello, unido a
tasas de interés bajas de la autoridad monetaria de Estados Unidos
durante varios años ofrecieron un espacio propicio para la
especulación y sobre-extensión del crédito.
Los inicios de la crisis
datan de mediados del año 2007, con los primeros síntomas de las
dificultades originadas por las hipotecas suprime. A fines de 2007
los mercados de valores de Estados Unidos comenzaron una precipitada
caida, que se acentuó gravemente en el comienzo del 2008. La
confluencia de otros eventos de particular nocividad para la
economía estadounidense (subida de los precios del petróleo, aumento
de la inflación, estancamiento del crédito), exageraron el pesimismo
global sobre el futuro económico estadounidense, hasta el punto de
que la Bolsa de Valores de Nueva York sucumbía diariamente a
'rumores' financieros. Muchos opinan que esto fué lo que precipitó
la abrupta caída del banco de inversión Bear Sterns, que previamente
no mostraba particulares signos de debilidad. Sin embargo en marzo
del 2008, en cuestión de días fué liquidado en el mercado abierto y
posteriormente en un acto sin precedentes, la Reserva Federal
maniobró un 'rescate' de la entidad, la cual terminó siendo vendida
a precio de saldo a JP Morgan.
Tras un respiro
primaveral, los mercados bursátiles de Estados Unidos volvieron a
una extrema debilidad, entrando oficialmente en caidas superiores al
20% en junio, lo cual se considera un mercado en retroceso extendido
('bear market'). Esto volvió a ser liderado por malas noticias en el
sector financiero, donde se comenzaron a dar quiebras bancarias,
incluyendo la caída del banco IndyMac, la segunda quiebra más grande
en términos de dolares en la historia del país, con el riesgo
latente que otros bancos regionales también pudiesen terminar igual
por la crisis.
La crisis tomó
dimensiones aún más peligrosas para la economía de Estados Unidos
cuando las dos hipotecarias más grandes del país, Freddie Mac y
Fannie Mae, que reúnen la mitad del mercado de hipotecas, comenzaron
a ver sus acciones atacadas por especulación extrema, a tal punto
que a principios de julio, el gobierno de Estados Unidos y la
Reserva Federal nuevamente tuvieron que anunciar un rescate para
esas entidades financieras. Tal decisión creó consternación en
varios sectores liberales, que aducieron que tales rescates solo
empeorarían a largo plazo las prácticas éticas de los
inversionistas, fomentando con dinero público la temeridad. Durante
ese periodo, la FED, así como otros bancos centrales, continuaron
inyectando liquidez al mercado, por valor de cientos de miles de
millones de dólares, euros o libras esterlinas.
El 15 de septiembre, el
Banco de Inversión Lehman Brothers pidió protección crediticia ante
la ley, oficiamente declarándose en quiebra financiera. Mientras
tanto, el banco de inversión Merrill Lynch fue adquirido por Bank of
América, a mitad de su valor real. Los candidatos presidenciales de
EEUU en ambos partidos y la prensa comenzaron a catalogar la
situación de 'pánico financiero', 'crisis económica en el país' y de
'colapso'.
El dólar estadounidense
sufrió un proceso constante de devaluación y el déficit comercial
que continuó batiendo récords. La ventaja exportadora por un dólar
debil fue completamente anulada en el intercambio comercial por el
alza de los precios del petroleo, del cual EEUU importa el 50%.
Millones de familias comenzaron a perder sus hogares, e
instituciones como GM, Ford y muchas aerolineas empezaron a tener
serias dificultades. Los índices de confianza del consumidor se
situaron sus más bajos niveles históricos (algunos datan de los años
50).
Aún así, la crisis financiera de Estados Unidos no se ha trasladado hasta el momento (octubre de 2008) a la economía real en forma de alzas estrepitosas de desempleo y pobreza, o disturbios sociales. No olvidemos que EE.UU. tiene una alta tasa de criminalidad y pobreza. El riesgo es que de continuar la debacle hipotecaria y bancaria, más los aumentos de precios, la primera economía mundial podría ser empujada hacia eso.
Las autoridades económicas, desde el inicio de la crisis, han optado por diferentes soluciones: la inyección de liquidez desde los bancos centrales, la intervención y la nacionalización de Bancos, la ampliación de la garantía de los depósitos, la creación de fondos millonarios para la compra de activos dañados o la garantía de la deuda bancaria. La medidas parecen tener como objetivo mantener la solvencia de las entidades financieras, restablecer la confianza entre entidades financieras, calmar las turbulencias bursátiles y tranquilizar a los depositantes de ahorros.
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